jueves, 27 de septiembre de 2007

A una mendiga pelirroja




El propósito de la obra de Baudelaire, es el de evidenciar a través de símbolos, la irracionalidad que se hospeda en el mundo. También sostiene que el arte no es un medio para alcanzar algún fin predeterminado, sino que es un fin en sí mismo.
Es notable que el poema "A una mendiga pelirroja" prescinde de una estructura formal de rimas, y está excedido de símbolos. Baudelaire hace mención al encanto de un “cuerpo enfermizo”, lo cual expresa una cierta ambivalencia de lo inexplicable. Un artista con alma y manos de poeta, puede ver “más allá” de lo real. Posee la capacidad de manipular un objeto mediante la expresión lingüística infinita. Combina símbolos característicos del tema al cual pretende hacer referencia, y transforma lo cotidiano del objeto, en una entidad inexplicable. El mundo actual parece tener asumido que un “cuerpo enfermizo” debe relacionarse a la muerte, o a lo desagradable. Baudelaire proyecta encanto en este cuerpo, lo hace poesía... Lo mismo sucede con los “bellos, radiantes senos” de la mendiga. Cualquier lector determina en su inconsciente una imagen de senos voluptuosos. Pero en el último verso de aquella estrofa, el autor revela que éstos se veían como un par de ojos. Así, mediante la armonía que ofrece el lenguaje, Baudelaire deposita sobre el cuerpo pelirrojo, una serie de atributos como ser el erotismo, la belleza, la sensualidad.
A lo largo del poema, el artista expande el perfume de “lo bello” en el descuidado e indigente cuerpo de la mendiga. Le regala poder, goce, pasión. Hace de su pobreza prosperidad; y de su indigencia, buena fortuna.
En lo particular, opino que es un texto audaz, dinámico, y pasional. Es como si Baudelaire fuera “desnudando” a la mendiga a medida que escribe sobre ella.
Así puede comprenderse el famoso “Slpeen de París”: la melancolía de no poder detener una pérdida, la congoja de la ínfima duración de una relación muy intensa. Puedo figurar un poeta recorriendo las calles racionales, buscando encontrar más de lo que se presenta frente a sus ojos. Sigo reflexionando, y veo una mendiga pelirroja ante sus zapatos. En una fracción de segundos intercambian miradas y se produce una conexión entre ambos. El artista escribe en su mente su próximo poema, y ella lo observa de sus “escasos harapos”. La voz poética del texto quiere hacer de la “magra desnudez” de la mujer, una celebración, un homenaje. Hay una magna voluntad comunicativa por parte del poeta, lo cual hace que el texto interrumpa las fronteras de la razón, y sea inexplicable.
Una de las características de la modernidad fue la visión mercantilista de la literatura. Mucha gente recurrió a la escritura con el fin de cubrir deudas. De alguna manera la poesía se “insertó” dentro del capitalismo, y la expresión a través de los versos se transformó en un simple comercio.
Baudelaire, tal como lo autodefine, escribía desde la “pureza”; y es por eso que podía ver en la miseria el arte de la poesía. Al ser esto una novedad para la burguesía francesa del siglo XIX, resultaba incomprensible la idea de la miseria como inspiración al arte.
Baudelaire era un artista con alma y manos de poeta.



Marina Ailín Schapiro

1 comentario:

Mariana de Cabo dijo...

Es una de las poesías más lindas de Baudelarie, aunque es muy difícil elegir. Es la ambiguedad del poeta que ama el lujo y a una mendiga en trapos a la vez.